No inventamos un dato que falta
Si un modelo no responde, la predicción se calcula con los que hay y la pantalla dice cuántos faltan. Un hueco se enseña; no se rellena con un cero.
Isobaria no mide el tiempo: lo leen otros y nosotros los comparamos. Esta página cuenta a quién leemos, qué hacemos con lo que dicen y dónde están los límites de todo esto.
Las tres predicciones que comparamos: ECMWF IFS (europeo, malla de 25 km), ICON (alemán, 7 km) y GFS (estadounidense, 25 km). Cada uno viene de su servicio meteorológico; Open-Meteo los sirve con el mismo formato, que es lo que hace posible ponerlos uno al lado del otro.
Los avisos oficiales y, solo en la validación interna, las observaciones diarias de sus estaciones. Los avisos se muestran con su texto literal, sin reescribir, y son la única autoridad en esto: ningún cálculo nuestro puede contradecir un aviso ni sustituirlo. AEMET no respalda Isobaria — usamos sus datos abiertos, nada más.
El radar: el mosaico de precipitación de las últimas horas, que es lo que responde a «¿está lloviendo ya?».
Los municipios: 8.128 con nombre oficial, provincia y coordenadas. No es una fuente en vivo; se descarga, se cruza y se revisa a mano.
Los espacios naturales protegidos: 175 figuras RENPA de Andalucía. El catálogo se descarga y valida manualmente; cada ficha usa un punto interior de su geometría oficial, no el centro de un municipio. Datos CC BY 4.0 (se abre en una pestaña nueva) · edición 2026-08-06.
Las atribuciones no son cortesía: las exigen las licencias de cada fuente. Por eso aparecen también al pie de cada pantalla y en el mapa del radar.
Cada modelo publica su predicción en su propio horario y con su propia malla. Lo primero es alinear las tres series hora a hora, sin interpolar: si un modelo no cubre una hora, esa hora se queda con menos modelos y se dice, no se rellena.
Un 14 % de lluvia no es «14 % de que llueva». Es la probabilidad de que caiga algo medible: 0,1 mm o más en esa hora. Es la definición del dato que publican los modelos, y no dice nada de cuánta agua.
La diferencia es grande y la hemos medido, sobre 175.200 horas de un año en veinte ubicaciones. Cuando anunciamos un 14 %, cae algo medible el 24 % de las veces — pero lluvia que se nota, un milímetro o más, solo el 1,3 %. Con un 7 % anunciado, baja al 0,3 %.
Por eso el porcentaje viene acompañado de cuánta agua cuando abres una hora: es la mitad de la respuesta que el porcentaje solo no da. Y por eso no hemos «corregido» la cifra: el número es correcto, lo que faltaba era decir de qué habla.
La cifra que ves no es la de un modelo: normalmente es la media de los tres, pesados por lo bien que acierta cada uno. Pero si uno se sale del acuerdo, deja de tirar del resultado: si dos dicen 35 °C y uno dice 30, la respuesta es 35, no 34, porque promediar ahí deja una cifra que no defiende ningún modelo. El que se sale no desaparece — baja la confianza y aparece en el desglose.
Los modelos pesan distinto, y pesan distinto según lo lejos que se mire y según de qué se hable: acertar la temperatura de mañana y acertar dónde va a llover no son la misma habilidad, y no las tiene el mismo modelo. Esta tabla es la de la temperatura.
| Dentro de | ECMWF IFS | ICON | GFS |
|---|---|---|---|
| 24 h | 1,00 | 0,86 | 0,74 |
| 3 días | 1,00 | 0,89 | 0,78 |
| 5 días | 1,00 | 0,83 | 0,84 |
| 7 días | 1,00 | 0,63 | 0,93 |
Y no nos los hemos inventado: son el error de cada modelo frente a ERA5 entre el y el , medido en 20 puntos de España frente al reanálisis ERA5. No son observaciones de estación. La primera muestra independiente de AEMET está publicada aparte; todavía no cambia los pesos. Un modelo que se equivoca el doble que el mejor pesa la mitad.
La referencia es ERA5 (Open-Meteo Archive API), que es un reanálisis y no una observación de estación, y además lo produce el ECMWF: su propio modelo parte con ventaja al compararse contra ella. Lo decimos porque cambia cómo hay que leer la tabla.
En Modelos puedes ver qué dice cada uno hora a hora y comprobar de dónde sale la cifra. Y en ¿Acertamos? está cuánto se equivoca cada uno, medido.
Treinta y seis grados no significan lo mismo en Sevilla en agosto que en Santander en abril. Cuando el día se sale tres grados o más de lo habitual, lo decimos al lado de la cifra: «cuatro grados por encima de lo normal para la fecha».
«Lo normal» es la media de 1991–2020 en ese punto — el periodo de referencia estándar de la Organización Meteorológica Mundial, el mismo que usa AEMET, calculado sobre el reanálisis ERA5. Lo decimos porque no es neutro: con el clima cambiando, medir contra 1991–2020 da anomalías más pequeñas que medir contra 1961–1990.
Y no es un aviso. Que un día esté por encima de su media no lo hace peligroso; lo peligroso lo dice AEMET.
Es una parte central de esta web, así que conviene decir exactamente qué es. El índice mide cuánto coinciden los modelos entre sí en las variables que cambian una decisión —lluvia, temperatura, viento—, penalizada por lo lejos que está esa hora. Cuanto más se separan, más baja.
No es una probabilidad de acierto. Tres modelos pueden coincidir y equivocarse los tres a la vez; también puede haber consenso bajo y que el día salga como decía la media. Es una medida de acuerdo, no de verdad.
Comparando las últimas imágenes se estima hacia dónde y a qué velocidad se mueve la lluvia, y de ahí sale el «llega en X minutos». Es aritmética sobre el movimiento reciente: alcanza una hora y viene con su margen de error. No sabe si una tormenta va a crecer o a deshacerse por el camino, y eso se dice en la propia pantalla del radar.
Los resúmenes y las explicaciones se redactan automáticamente a partir de los eventos detectados en los datos, con plantillas: cada frase tiene detrás una cifra que puedes comprobar en la misma pantalla. Cuando un texto lo genere un modelo de lenguaje irá etiquetado como tal y seguirá anclado a esos mismos datos —nunca a lo que el modelo recuerde—.
Si un modelo no responde, la predicción se calcula con los que hay y la pantalla dice cuántos faltan. Un hueco se enseña; no se rellena con un cero.
Sus avisos van con el texto oficial y por encima de cualquier cálculo nuestro. Como mucho, los contextualizamos: a qué horas afectan, qué dicen los modelos esas horas.
Cuando los modelos discrepan, se ve antes que el número.
La meteorología ya interesa sola: aquí no vas a leer «alerta extrema» por 30 km/h de viento.
Sin cuentas ni terceros. Medimos de forma agregada el uso y el rendimiento real (RUM), sin identificadores ni datos de ubicación; está contado en privacidad.
Los modelos globales se ejecutan varias veces al día; cada predicción lleva al pie su hora de ejecución —el «run»—, que es lo que explica la mayoría de las contradicciones que se ven entre dos webs del tiempo: no discrepan, es que una va un ciclo por detrás.
Las páginas se regeneran cada 15 minutos, los avisos de AEMET se revisan con esa misma frecuencia y el radar se recarga cada pocos minutos, que es lo que tarda en publicarse una imagen nueva.
Con celdas de 7 a 25 km, un modelo global no distingue la solana de la umbría ni la niebla de una vaguada. En terreno complicado, la predicción es la de la zona, no la de tu calle.
Se predice el ambiente que las hace probables. Si aparecen en el resumen, será como «riesgo por la tarde», no como una cita.
Por eso el índice de acuerdo suele bajar al final de la semana: no es un defecto del gráfico, muestra que los modelos coinciden menos.
Hay zonas con menos cobertura y ecos que no son lluvia; el mosaico es el que hay.
Si encuentras una cifra sin procedencia en cualquier pantalla, es un fallo nuestro, no un detalle.